Equipaciones de Leyenda

Una plantilla que nunca saltó a un campo. Cada camiseta ficha a una figura de la historia y le da un dorsal, como a un jugador. No hay número a la carta: cada uno ya tiene dueño.

Están hechas con el patrón de una camiseta de selección, porque es un formato que cualquiera sabe leer sin que se lo expliquen: el escudo a un lado del pecho, el nombre del club al otro, nombre y número a la espalda, cuello y puños en otro color. En una camiseta de fútbol, un escudo en el pecho no extraña a nadie.

La primera es la 1741, la de Blas de Lezo. Su dorsal es el 41, y no por la posición en el campo: es el año. Lezo tituló su diario de la defensa de Cartagena de Indias con dos fechas, del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741. En la nuca va el año entero: MDCCXLI.

El nombre y el número van en una tipografía de libro, no de plantilla, porque aquí el dorsal no es un dato: es una fecha. En el pecho, unas armas del siglo XVI con sus dos columnas y un lema en alemán, Noch Weytter. Quien lo traduzca sabrá qué dice.

Al frente, un combate naval grabado en el siglo XVII: dos buques insignia a quemarropa. Quien los reconozca sabrá que no son los de Lezo.

Del asedio se conservan medallas que dan la plaza por tomada. Se acuñaron antes de tiempo.

Vendrán más dorsales, cada uno con su número y su motivo. La leyenda, siempre con fecha.

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  • 1741 · Blas de Lezo