PLVS VLTRA

Tres virreinatos y cuatro capitanías generales. Siete instituciones que gobernaron lo que había al otro lado, y que no dejaron escudo propio: casi ninguna llegó a tener armas.

Así que cada una se presenta con las de su ciudad principal. Lima presta las suyas al Virreinato del Perú; La Habana, a la Capitanía General de Cuba; Manila, a la de Filipinas. El escudo es de la ciudad. La pieza es de la institución.

Y los nombres son los de entonces. Lima fue Ciudad de los Reyes, y sus tres coronas son las de los Reyes Magos: los jinetes que salieron a buscarle emplazamiento partieron el día de la Epifanía. Santiago de Chile fue Santiago del Nuevo Extremo. La Habana llevaba San Cristóbal delante. Nombres que se usaron, se firmaron, y luego se fueron acortando hasta desaparecer del habla.

Están compuestos con la plantilla del merchandising universitario americano —el arco arriba, el emblema en medio, la institución abajo, la fecha en los flancos— porque es un formato que cualquiera sabe leer sin que se lo expliquen. Donde Harvard pone UNIVERSITY, aquí va el virreinato.

Ninguna aparece como posesión de otra. Cada una entra con sus propias armas, con el nombre que le concedieron y con el año en que nació su institución. Siete iguales.

Cada una se hace en dos lecturas. Una lleva el nombre de época en el arco superior, y entonces el nombre y el escudo cuentan el mismo chiste. La otra lo cambia por PLVS VLTRA, la divisa que Carlos V puso entre sus columnas: más allá. Que es exactamente de dónde viene todo esto.

Aquí no se pregunta el pasaporte. Se pregunta si reivindicas de dónde vienes.

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